CRONICA DE UN VIAJE A MURMANSK (RUSIA)
19-22 Diciembre 2008

A tenor de parecer cansino o excesivamente prolijo, no tengo más remedio que describir mi experiencia en el Circulo Polar en dos puntos, el primero el viaje en sí y el segundo, por supuesto, en los perros.
Cuando recibí la invitación de ir a juzgar una exposición monográfica regional y otra exposición de carácter nacional a Murmansk, los días 21 y 22 de diciembre, sabía que el viaje iba a ser largo y pesado, pero también que seguramente la belleza del paisaje y el poder vivir durante un breve pero intenso tiempo en la ciudad más importante del Circulo Polar, base de los submarinos nucleares y rompehielos y conocer un poco más a fondo el carácter del pueblo ruso, más relajado que en las grandes ciudades como Moscú o San Petersburgo, sería una experiencia única.
La realidad es que superó con creces mis expectativas en todos los aspectos.
Después de levantarme a las 4 de la mañana, enlazar tres vuelos de avión, Palma-Madrid-Helsinki-Rovaniemi, aterricé a las 19,00 en suelo finés , bueno más bien en hielo finés, porque en el mismo aeropuerto de Rovaniemi, (toda la carretera era una capa de hielo) estuve a punto de estrenar mi trasero en el mismo, cual Papa cuando llega a un nuevo país besando su suelo.
Allí me esperaba estoicamente Roman, el marido de Diana Gulieva, vicepresidenta del club Ruso del Ca de Bou de la Región de Murmansk con quien inicié mi largo periplo por esos lugares.
Iluso de mi, todavía no sabia lo que me esperaba por llegar. En primer lugar, después de viajar unas 3 horas ( con la paliza que ya llevaba en el cuerpo) por carreteras y paisajes verdaderamente preciosos pero con hielo, renos y nieve a mogollón, llegamos al paso fronterizo de Salla que enlaza Finlandia con Rusia y tuvimos la desagradable sorpresa de que hacia 10 minutos, la habían cerrado (eran las 22,10) y no se habría hasta las 08,00 del día siguiente.
Después de recorrer un centenar de kilómetros más, buscando una gasolinera abierta, Roman optó por dirigir su potente Subaru todo terreno hacia otro puesto fronterizo, más cercano a Murmansk y buscar alojamiento lo más cerca posible de la frontera.
Eran cerca de las 3 de la mañana, cuando llegamos a un hotel en Ivalo (Finlandia), en tierras laponas, y donde pudimos dormir o intentar dormir apenas 4 horas, para nuevamente estar en la frontera a las 09,00.
Rusia, sigue siendo Rusia y más en estas latitudes, donde no están acostumbrados a ver visitantes europeos, salvo los finlandeses que pasan la frontera en busca de pesca o algún que otro inglés por negocios y la época de la Guerra Fría todavía está presente, siendo yo para ellos, un “bicho raro” que no se explicaban que puñetas hacía un tipo español y mallorquin para mas cachondeo y encorbatado por aquellas tierras. Horas después ( en Murmansk) y hablando con un traductor de nacionalidad cubana, casado con una rusa, este me confirmo ( al igual que Roman) que estaban prácticamente seguros que yo era el primer mallorquin que por alli se veia.
Después de pasar un control finés y tres controles rusos, reiniciamos nuestra ruta, confiando yo que en breve tiempo, estaríamos en Murmansk.
Tendría que pasar 5 horas más para poder llegar al Golfo de Kola, donde se asientan dos ciudades, Murmansk y Kola, ambas una junto a la otra, junto a la ribera del golfo.

Con el cuerpo hecho unos zorros y mis cervicales destrozadas, fui recibido por la presidenta del Club Natalia Aristova y por Diana ( mujer de Roman y vicepresidenta) , quienes me hicieron pasar a un edificio donde se celebraría la monográfica o monopedigree como dicen ellos.
Sin un momento que perder, pues ya llegamos con retraso, se iniciaron los juicios de los 34 ejemplares asistentes al evento.
En líneas generales, puedo decir que salvo uno o dos ejemplares, el resto no presentaban características de tipo Bulldog, aspecto este muy importante y que demuestra la evolución actual respecto al tipo que mayoritariamente presentaban hace unos años los ejemplares rusos.
El tipo que presentaban, estaba en el tipo correcto de la raza, aunque con ciertos defectos en general, tales como orejas bastante largas y semi planas u hocicos un poco excesivamente largos, si bien había ejemplares de correctas orejas y hocicos de longitud perfecta con buena amplitud.
Curiosamente, todos los perros, tenían los dedos de sus manos, excesivamente abiertos y cosa así mismo lógica, pues en una región, donde durante todo el año hay hielo en las calles, los perros deben tenerse que habituar a pasear con el, de ello, esos dedos tan abiertos.
Los ganadores de monopedigree, fueron el macho joven Zolotoi Sneg Zerest de Alatriste, un precioso macho joven de extraordinaria construcción y sustancia y con una bella pero masculina cabeza.
La mejor hembra fue la campeona rusa Matsalen Usenta Rokes, una hembra muy en el tipo, femenina y de hocico negro y que casualmente, después de la exposición, me entere que era la madre del mejor macho absoluto.
Como ya he dicho, los ejemplares eran en su mayoria, típicos y correctos, si bien, debido a que existe una relativa consanguinidad entre ellos, pues el trabajo realizado de crianza, proviene de apenas un par de líneas, es necesario la introducción de ejemplares portadores de sangre nueva, para refrescar las que ellos tienen y eso se lo expliqué tanto a Natalia como a Diana, quienes estuvieron plenamente de acuerdo.
Es de admirar como una raza como la nuestra, se abre paso a codazos en esas regiones tan remotas, pues no olvidemos que la población más importante cercana a Murmansk y con facilidad para la adquisición de ejemplares de nuestra raza es San Petersburgo y se halla a unos 1700 kilómetros…., sin palabras.
Después de juzgar al día siguiente, otras razas tales como Pastores del Caucaso, Pastores de Asia Central, Rottweilers, Boxers,…etc, fuimos a hacer las pertinentes compras de recuerdos, visitar los lugares más emblemáticos y nuevamente, mi estoico amigo Roman y yo, tomamos rumbo hacia el paso fronterizo de Salla, pero esta vez dentro de tierras lapono-rusas, teniendo que pernoctar en un hotel de la población de Kandalaksha y con otra paliza fenomenal en el cuerpo, a base de kilómetros y kilómetros de hielo, nieve, abetos y … ni Dios en la carretera.
Como anécdota, citar que en el hotel, atendido por una chica rusa de no más de 20 años, pero con mentalidad de sus abuelos, no quería que yo me hospedara allí porque “era extranjero” y ni corta ni perezosa, llamó a la policía rusa ( tal vez el KGB) por si era un espía o alguien muy peligroso. Menos mal que le confirmaron que no pretendía robar el tesoro del zar ni nada parecido. Una vez, dejada la maleta en el hotel, Roman y yo nos fuimos a tomar una cerveza en un bar situado al lado del hotel y que en nada tenia que envidiar a los bares llenos de mafiosos que salen por la tele, pues nada más entrar, no nos despegaron la mirada hasta que nos volvimos a ir.
En fin, Kandalasksha, no entra en mis planes como futuro destino vacacional.
Ya por la mañana, atravesamos la frontera y llegamos al aeropuerto de Rovaniemi, donde me pude despedir del incombustible Roman, al cual le esperaba otra nueva paliza en coche.
Realmente, estos rusos, están hechos de otra pasta.
A pesar de la paliza de kilómetros, de todos los vuelos realizados, sé positivamente que dejo recientes y buenos amigos en Murmansk y que estoy seguro que ellos sienten lo mismo que yo.
Lo mejor de todo esto, es que en el lugar más remoto del mundo, puedes encontrar alguien que le une la misma afición que a ti, el Ca de Bou.
Gracias, Diana, Natalia y por supuesto Roman, que en menos de cuatro días se chupó unos 4000 kilómetros por pistas realmente preciosas pero muy, muy duras. Gracias por vuestras atenciones.
Espero que algún día no muy lejano, podamos reencontrarnos.

Sergio Gual Fournier
Vicepresidente del C.E.C.B.

Juez especialista y criador con el afijo “ALMALLUTX”

 



Ganador Zolotoi Sneg Zerest de Alatriste


Directivos del Club Ruso del Ca de Bou de Murmansk y otras jueces rusas

Con Roman, en el puerto de Murmansk, a las 2 de la tarde y sin luz
durante bastantes meses al año. Realmente debe ser muy duro.



Camino a Murmansk y nadie en la carretera durante horas.